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Cinco preguntas antes de decidir si vacunamos a los niños contra la COVID-19

Hace ya varias semanas, Pfizer y Moderna anunciaron que ya estaban en curso los primeros ensayos clínicos para evaluar las vacunas frente a la COVID-19 en menores de 12 años. La FDA americana podría aceptar la vacuna para menores entre 5 y 11 años para finales de octubre. Algunos medios ya anuncian que la vacunación de los niños está cada vez más cerca.

No soy experto en vacunación infantil, pero en mi opinión antes de decidir si realmente es necesario, en este momento, vacunar a los niños menores de 12 años frente a la COVID-19, habría que contestar al menos a estas preguntas.

1. ¿Se justifica la vacunación desde el punto de vista por riesgo-beneficio individual?

Los menores de 12 años tienen bajo riesgo de infectarse con el SARS-CoV-2 y desarrollar una enfermedad grave. En España, menos del 0,02 % de los fallecimientos por COVID-19 han sido menores de 12 años. La inmensa mayoría de los casos en niños pequeños son asintomáticos. Los efectos adversos de las vacunas son extremadamente infrecuentes, pero no son cero. ¿Compensa, a nivel individual, vacunar a los niños de una enfermedad que para la mayoría de ellos no causa una patología grave? Probablemente el beneficio directo para ellos sea escaso y la exigencia de seguridad de las vacunas tiene que ser mayor.

2. ¿Son los menores realmente un reservorio o almacén del virus, son grandes transmisores del virus?

Hay poca de evidencia de los niños hayan sido grandes transmisores del virus, de que hayan generando grandes brotes. Los centros educativos estuvieron abiertos, incluso cuando no había vacunas, y no parece que haya habido un colapso del sistema por grandes epidemias en los colegios. No obstante, la aparición de variantes más transmisibles, como la delta, en un momento en el que la población adulta está en gran medida vacunada, puede cambiar la situación. El virus se mueve donde le dejamos, principalmente en los no vacunados. Habrá que vigilar cómo evoluciona la incidencia de las nuevas variantes en la población menor de 12 años.

3. La inmunidad natural, ¿puede suponer un beneficio futuro mayor que la vacunación?

Algunos han sugerido que la exposición natural en edades tempranas a este virus que causa escasa patología puede estimular el sistema inmune de manera que suponga una ventaja frente a exposiciones futuras a este o a otros coronavirus en la edad adulta, en la que la enfermedad es mucho más grave. No hay que vacunar contra todos y cada una de los patógenos existentes, sino solo contra aquellos que realmente compense (balance riesgo-beneficio).

4. ¿No habría que vacunar antes a los mayores vulnerables en otros países donde hay escasez de vacunas?

La pandemia es un problema global. En muchos países el % de población vacunada es muy bajo, no disponen de las vacunas necesarias. Quizá antes de vacunar a los menores que apenas tienen riesgo de enfermar habría que donar las dosis disponibles a países con escaso acceso a las vacunas en los que aún les falta mucho para proteger a sus ciudadanos más vulnerables con más riesgo de morir por COVID-19.

5. ¿Hay consenso o evidencia científica que justifique la vacunación infantil?

En este momento, no hay datos sobre su eficacia y seguridad en niños pequeños. No parece que sea necesario vacunar a los niños para tener el control de la pandemia a nivel global, de momento. Como he comentado, habría que vigilar cómo evoluciona la incidencia de las nuevas variantes en la población menor de 12 años, antes de decidir si es necesario vacunarlos. Al fin y al cabo, la COVID-19 es una enfermedad especialmente de adultos.

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